Escuchando tenuemente ruidos a lo lejos, iba tranquilamente caminando por las calles solitarias de una bulliciosa ciudad, era un hombre delgado, de barba abundante, ojos hinchados y ojeras, unos ojos rojos debido a su exceso de drogas y alcohol.
El en un tiempo tuvo una vida, o al menos otra, tenia los sueños de cualquier persona normal estudiar, trabajar y formar su familia, sin embargo por las vueltas de la vida, cayó en el otro extremo, la vida clásica de un bohemio sin remedio, aquel que ya no tiene oportunidad en una sociedad como la actual. El en sus momentos de soledad, no podía evitar añorar viejos sueños, viejas vidas, lo que algun dia fue, porque realmente no era un tipo ordinario, el que tuviese sueños comunes no lo convertia en comun, el siempre quiso mas, pero nunca llego a serlo.
El gustaba de hacer cosas sin sentido, frecuentemente se sentaba en las banquetas con una vieja guitarra que aun poseía, y que era la única cosa que amaba mas que el alcohol y sus drogas, porque jamas la había vendido para comprar mercancia, se sentaba en las banquetas y tocaba las canciones que salian de su mente, no era malo, y la gente le dejaba dinero, sin embargo, si percibía que la cara de las personas era de lastima, los perseguia y se los devolvía, a el no le gustaban las lastimas. Cuando si se quedaba con el dinero, lo compartía con el Conde, un perro callejero con el cual se encariño en una de sus tantas aventuras, lo llamaba asi, porque decía sentirse sofisticado al llamarlo Conde, se sentia en una ambiente aristocrático y elegante, y siempre esperaba que Conde le respondiera: -Diga usted Sr. Antonio. Ese era su nombre Antonio...