Camino tranquilamente, recorriendo veredeas de concreto, mis pies descalsos perciben el kilometraje recorrido, mis ojos aprecian el paisaje que me rodea. Voy por un sendero jugando una carrera a la que llaman destino, mi oponente el tiempo, que parece no agotarse pues jamás ha cesado su trote. El corre tan rapidamente, que tarde o temprano se cansará, yo mejor, disfruto lo que hay a mi alrededor, camino sorprendido de tanto mundo y tanta infinidad, es tan inmenso que parece devorarme, y para disfrutar de ello, no corro, solo camino. Lento, deleitando y degustando todo lo que hay en mi camino.
No corro, porque prefiero el paso seguro, me gusta voltear y asombrarme de todo.
El tiempo corre, y corre tan rápido, que tal vez nunca lo alcance, a veces veo el polvo que deja a lo lejos. A pesar que voy perdiendo la carrera, no me angustio, por el contrario soy feliz, y voy al paso que puedo con una sonrisa en mi rostro. Una vez desaparecida la estela de polvo, yo me quedare aquí, porque aqui soy feliz, y esperare a que el tiempo cruce la meta, e irremediablemente, me gane la carrera.
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