Las hojas revolotean una y otra vez por doquier, no se detienen por nada, el viento espeso rosa la cara de aquel quien al cielo mira. Lo mira una y otra vez tratando de entender la complejidad del todo. Escucha el rechinido de cadenas, de columpios vacios, mesidos por el aire, hacia arriba y hacia abajo, una y otra vez. Distrae los pensamientos, hacia arriba y hacia abajo, una y otra vez. El cielo no se ha movido, el aire no mueve al cielo, el aire no le mueve los pies solo su cabello, la espalda sigue erguida mas la mirada esta hacia abajo, distraida, ausente, viendo la nada, meditando el porque, la vista no le alcanza no ve mas alla de la punta de su mano, no ve mas allá. No ve mas allá porque sus ojos se han cansado, porque el mundo no le ofrece siempre la vista que el desea, por eso, mejor no ve, mejor siente, cierra los ojos y percibe lo hermoso, lo profundo, lo agradable, como la brisa o como el silencio, como lo lejano, aquello que no puede ver, aquello que no entiende pero que siempre permanece ahi, cierra los ojos y extiende los brazos como si quisiera abrazar el mundo entero, como si quisiera aliviar las heridas, sanarlas de una vez ya, sanar sus propias heridas, el pasado, el pasado que nunca pasó, el presente que nuca vive, y su futuro donde no sabe si aparece en realidad, mas no le importa y sigue abrazando el aire, aprieta fuerte el vacío, aprieta fuerte. Sus uñas se encajan en las palmas de sus manos, y aprieta mas fuerte, el dolor, le duele apretar tan fuerte, le duele, pero se siente vivo. Huele a lluvia, la humedad se respira, la tierra se ablanda, su cuerpo se moja, cae la lluvia, cae, y cae sin cesar. Siente cada gota que resbala por todo su cuerpo, y de nuevo, se siente vivo, el agua penetra en la herida causada por sus uñas, y arde, se siente la vida. De repente abre los ojos y ve el cielo que no se ha movido, pero sus pies estan en otra parte, él ha hecho su camino, y el cielo sigue nublado.
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