Estaba recostado en mi habitación, mirando el blanco techo, ya que no gusto demasiado de ver las rosas paredes de mi habitación, simplemente estaba ahí. Sumergido en un trance de meditación profunda, tan profunda que parecía como si el mundo se detuviese. Todo era tranquilidad hasta que escuche una ligera voz que decía: - ¿Qué esperas? - . consternado torne mi cabeza hacia el lugar de donde yo creía se había emitido el sonido. Al no ver nada, volví a mi posición anterior para proseguir con mis pensamientos. Apenas y me había acomodado cuando volví a escuchar, ¿Qué esperas?, volví rápidamente la cabeza de nuevo, y cual fue mi sorpresa al ver que aquella voz provenía de las propias paredes de mi habitación. Tanto encierro ha privado a mi cerebro de oxigeno, dejémoslo respirar. Me levanté y me dirigí hacia la ventana, justo cuando estaba a punto de abrirla, escuché esa voz de nuevo: ¿Qué esperas?. Volteé mi cabeza y las paredes no dejaban de decir: ¿Qué esperas?, ¿Qué esperas?. Consternado quise salir de la habitación y mi puerta me grito con voz retumbante: ¿Qué esperas? ¿De qué huyes?. Estaba atrapado. Giraba la mirada a todo mi alrededor, lo que antes eran susurros, ahora eran estruendosos gritos que parecía buscaban que perdiese la cordura. Tapé mis oídos con mis manos y apreté fuerte, fuerte, pero los gritos solo parecían aumentar. Giré de nuevo mi cabeza y lo que vi fue un tenedor con el que había comido una tajada de pastel, y me gritó: ¡Date prisa! ¿Qué esperas?. Callen, callen, comencé a gritar ya desesperado. Las paredes rosas habían perdido su dulce color, ahora parecían desmoronarse encerrándome cada vez en un espacio mas pequeño, cada vez mas pequeño. Callen, callen, no paraba de gritar. Pero los desgarradores gritos no parecían cesar. ¡Date prisa! ¿Qué esperas?. Estos gritos no callaran hasta que yo sea el que deje de escucharlos, un momento, estos gritos no callaran, a menos de que entienda lo que me están gritando. La desesperación me había tomado por completo, ya no sabía que era lo que estaba pasando. El tenedor me grito estrepitosamente: ¡Date prisa!. Lo tome entre mis manos y lo coloqué en mi sien, respiré profundo, y lo arrojé contra la ventana con una fuerza que ni siquiera supe de donde obtuve. Al chocar con la ventana, aquella crujió estruendosamente, como si hubiera roto la barrera entre la realidad y la imaginación. Abrí los ojos y me encontraba recostado sobre mi cama, mirando el blanco techo de mi habitación, ya que no gusto de ver las paredes rosas de esta, cuando de repente escuché una voz que susurraba: ¿Qué esperas?. Cerré mis ojos de nuevo y me pregunté: ¿Algún día me dejarán descansar estas voces atormentadoras que parecen provenir desde lo mas profundo de mis pensamientos?. Mi respuesta fue: no lo se, pero siempre tendré tiempo para escuchar a un buen amigo.
1 comment:
mmmm, yo quiero de lo que ingeriste antes de ponerte frente a la máquina!!!
jajaaj, no es cierto, buen bagaje y fijate que hay un buen manejo de la intención
redondeas el escrito. Empieza donde termina o termina donde empieza--
Salut!!!
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