Estaban hablando incesablemente de una y de otra cosa, todas a la vez. Desesperaban los murmullos ensordecedores que entraban directamente a través de mis oídos. ¿Porque?, porque los gusanos no tienen orejas, porque las vacas no vuelan y los cerdos son rosas, rosas como las flores, rosas, como deberían ser las orejas de los gusanos. Si en lugar de los gusanos, el cielo tuviera orejas y pudiera escuchar, ya hubiera escuchado mis pensamientos y hubiese lanzado un rayo que me hiciera explotar las yemas de los dedos, pero no, no tiene orejas, como tampoco las tienen los gsuanos.
si el cielo no tuviera orejas pero los gusanos si las tuviesen, el día de mi muerte , en mi entierro, pudiera platicar con ellos, mientras corcomen tranquilamente los restos de mi cuerpo, les contaría acerca de mi vida, de lo bueno y de lo malo que tuvo, asi no me aburriría, hasta que los gusanos terminen su banquete , y enfilaran su rumbo hacia otro pobre cuerpo que espere ser devorado.
Trataré de luchar contra mis instintos, contra mis intintos lucharé, no porque no quiera que me vensan, si no para no aburrirme y tener alguien con quien pelear y desahogar mi frustración, porque los pobres gusanos, no tienen orejas.
Un emparedado de queso, sería el remedio, y tal vez un vaso de gaua para acompañar. El queso. El queso se derrite como las ilusiones de las personas, que conforme crecen se dan cuenta que sus sueños escapan, escapan escurriendose por las orillas del emparedado.
Si la vida fuera, un emparedado de queso, con orejas y de color rosa, sería una deprimente aberración, por eso la vida es como es, y no es un emparedado de queso, no es de color rosa, al contrario tiene un poco de cada color, tanto gris y negro, como verde pistache, incluso un color entre beige, morado y rosa fiussa, y tal vez un toque de azul entre cielo y marino. Asi es la vida imporsible de entender e imposible de vivir, por eso es vida, para que nos esforcemos para saber que hacer de ella.
Quizá es el momento de saber para que tienes esta vida.